martes 17 de enero de 2012

El Estigma de los Agotes





Profundizar en el análisis y estudio acerca de los orígenes y modos de vida de un grupo humano actualmente desparecido, es como mínimo arduo y polémico. Sobretodo cuando el calificativo de grupo étnico y singular está más bien justificado por la imposición histórica, que a través de los orígenes y particularidades culturales de un pueblo determinado. Precisamente esto es lo que ocurre al hablar del grupo humano reconocido por el apodo de Agotes.



Ubicar geográficamente a una población que estuvo asentada en lugares tan dispares como Bretaña, Borgoña, el Sur de Francia y el Noreste Peninsular, hace casi imposible determinar a ciencia cierta el origen y procedencia cultural de los incluidos en tal categoría. Precisamente por este motivo es muy arriesgado hoy en día considerar a los Agotes como una etnia claramente diferenciada, si no fuera por la marginación y rechazo que les obligó ha aislarse y desarrollar una vida paralela a la del resto de sus vecinos.

A la hora de rescatar el pasado reciente de los Agote en el país vecino, salen a relucir los nombres de poblaciones cercanas como Dax, Pau y Oloron. En tierras francesas estos recibían el apodo de cagots. Pero fue en nuestro lado de los Pirineos donde la presencia de los Agotes creó continuos conflictos vecinales llegándose a unos altos niveles de marginación social, sobre todo en el País Vasco y Navarra donde se supone que habitaron desde el siglo X y cuya existencia en el siglo XVII está ampliamente documentada. También se sabe que estos habitaron en ciertas zonas fronterizas de la provincia aragonesa de Huesca, aunque al parecer en esta zona su integración fue mayor.

En nuestro país además del nombre de Agotes recibieron algunos otros apodos de marcado carácter despectivo tales como, gafos, silleros, chistones, nuevos cristianos o crestinas, cristianos de San Lorenzo y en el peor de los casos leprosos, y es que la temida enfermedad de la lepra era frecuentemente atribuida a este grupo humano, siendo sin duda una de las principales causas de su marginación.

Actualmente se piensa, que aquello que la ignorancia de los vecinos denominaba lepra no era más que una enfermedad cutánea conocida hoy en día por el nombre de psoriasis. Esta enfermedad hereditaria cuyos síntomas se agravan como consecuencia de los grandes índices de humedad y frío, degeneraba la piel de tal manera que les producía continuas descamaciones que se asociaban al mal de la lepra. Por este motivo muchos de ellos fueron internados en leproserías o simplemente se mantuvieron aislados agravando las consecuencias de su enfermedad de la piel.
Otro factor que perjudicó enormemente su aceptación, fue la desconfianza y miedo que creo entre sus vecinos el hecho de que teniendo un estado tan avanzado de lepra, la mayoría de los Agotes no murieran de esta enfermedad. Por este motivo se pensaba que estos tenían poderes diabólicos obtenidos tras siniestros pactos con el mismísimo diablo y que su enfermedad no sólo era física sino también moral.

Esta marginación fue prácticamente generalizada y llegó a alcanzar magnitudes incomprensibles para nuestra época actual. La Iglesia Cristiana fue una de los principales artífices de este rechazo. En el seno de la religión dominante los Agotes eran considerados como extraños y cristianos conversos, muy en relación con alguno de los orígenes que se les atribuía y de los que trataremos un poco más avanzado el artículo. Por ejemplo los pertenecientes a este grupo maldito no podían sentarse en misa junto al resto de fieles, sino que tenían una zona reservada al final del templo. No podían utilizar las mismas fuentes de agua bendita y era costumbre darles la comunión acercándole el supuesto cuerpo de cristo con un palo que evitara el acercamiento. Los sacerdotes se negaban a confesarlos y se sabe que accedían al interior de la iglesia por una puerta lateral conocida como agoten athea. Cuando un agote fallecía era enterrado en un cementerio aparte y las campanas de la iglesia permanecían en silencio.

Para el resto de la comunidad llamar a alguien Agote era un insulto de graves consecuencias, pues incluso existen documentos que prueban algunos delitos por blasfemia, que fueron juzgados tras el intercambio de insultos de este tipo entre personas cercanas.

Corría la creencia de que la sangre de los Agotes era más caliente de lo normal y que estaba intoxicada, afirmando que todo lo que tocaban con sus manos y pies quedaba inmediatamente contaminado. Por este motivo no podían andar descalzos y en el caso de que así lo hicieran, eran frecuentemente castigados con quemaduras en la planta de los pies. Ya que no podía tocar nada vivo, se les prohibía trabajar la tierra y pastorear con el ganado.

Los vecinos se apartaban a su paso y decían que desprendían un olor nauseabundo. En muchas ocasiones eran obligados a portar una campanilla que avisara a los demás de su paso y solían vivir desterrados a las afueras de las localidades. Otro signo muy utilizado para su identificación era la pata de oca o garra de gato que debían llevar cocidas en sus ropajes. Curiosamente estos dos símbolos son identificadores de la divinidad celta Lug, lo que demuestra la consideración pagana que le tenían los cristianos.

Excluidos de las celebraciones comunales, estos no podían contraer matrimonio con ninguna otra persona que no fuera agote. Esta prohibición fue también una las principales causas de la exclusión y del fomento de la endogamia entre parientes directos, que no hizo más que agravar su enfermedad cutánea. También se decía que eran aficionados a practicar la homosexualidad y la zoofilia.

Pertenecer a una familia de agotes implicaba estar privado de cualquier tipo de derecho comunal. Tenían vedado utilizar los molinos y por supuesto no existían posibilidades de ascenso social. Todos estos factores unidos, dieron lugar a que la mayoría de las familias pertenecientes a este grupo excluido, vivieran en unos niveles de pobreza lamentables y con unas expectativas que no prometían ningún tipo de mejora en su calidad de vida.

En otras muchas ocasiones fueron acusados de brujos y curanderos, probablemente por su gran conocimiento acerca de plantas medicinales y elaboración de medicamentos caseros.

Ya que les estaba prohibido ejercer determinadas profesiones, los agotes se especializaron en el trabajo de la madera y la piedra, ya que por medio de estos materiales no podían trasmitir la lepra. Por este motivo se convirtieron en expertos carpinteros y canteros que solían transmitir sus conocimientos de padres a hijos. También tenían fama de excelentes músicos especializados, como txistularis
[1], tamborileros y bertsolaris[2] principalmente en Navarra.

Podemos considerar que muchas de las explicaciones que se han intentado dar a los orígenes de los Agotes, no fueron más que un intento de justificar la exclusión social de este grupo humano, al servicio de la diferenciación como defensa ante la desconfianza, el miedo y la ignorancia de la época.

Aunque hay teorías para todos los gustos, todas estas atribuciones tienen un aspecto en común. Curiosamente todas llevan implícitas una intención claramente despectiva. Carmen Aguirre Delclaux licenciada en antropología realiza una interesante exposición y análisis acerca del origen incierto de estas gentes en su tesis doctoral titulada “Los Agotes” publicada por la Diputación Foral de Navarra.

Muchas de estas teorías, quizás las menos tenidas en cuanta actualmente, hacen referencia a las antiguas escrituras, intentando culpar a los Agotes de ciertas faltas y errores cometidos. Es el caso de la tesis que afirma que estos descienden de los albañiles, que Hiram
[3] empleó para levantar el Templo de Salomón, siendo expulsados a causa del bajo rendimiento de su trabajo y castigados por Dios con el mal de la lepra.

Sin embargo Michel Francisque, importante estudioso del mundo vasco en le siglo XIX, defiende el origen godos
[4] de estos, alegando que los Agotes podrían ser descendientes visigodos [5]escondidos en los Pirineos tras las invasiones musulmanas. De ahí derivaría el apodo francés de cagots, cas-goths, que traducido al castellano vendría a decir “perros godos”. Esta tesis justificaría los rasgos nórdicos que en muchas ocasiones han sido atribuidos a los Agotes, es decir piel clara y sonrosada, ojos azules, pelo rubio y físico corpulento. Por el contrario, Palassou en su obra “Memoire Sur la Costitution Physique de Cagots” de 1815, expone que no todos los cagots tenían estos rasgos, sino que la fisonomía de estoa era muy variada aunque a veces coincidiera con la nórdica.

También existen teorías como la de María de Azcue, que afirman que estos proceden de los cátaros y albigenses que tras ser duramente perseguidos por la inquisición, se convirtieron al cristianismo y se afincaron en la zona de los Pirineos. Por este motivo los agotes eran también conocidos por el apodo de “nuevos cristianos”. Según esta tesis la nobleza y los albigenses fueron los responsables de traer a los Agotes desde Italia y a los gitanos de Bohemia. Existe también un documento que justifica de boca de los mismos Agotes esta teoría. La fuente de esta información es una carta que un grupo de agotes envió en 1513 al Papa León X, pidiendo compresión y ayuda ante las constantes marginaciones a las que eran sometidos, con el fin de argumentar su origen albigense y su condición de cristianos conversos, aunque se piensa que dicha declaración no fue más que una justificación para ser reconocidos por la Iglesia y aceptados por el resto de la comunidad. (Pio Baroja)Esta teoría ha sido actualmente desmentida ya que la cruzada cátara comenzó en el siglo XIII d.c. y los Agotes ya habitaban la zona desde el siglo X d.c.

Otros estudiosos como Pierre de Marca
[6] defienden el supuesto origen sirio de los Agotes, afirmando que estos eran miembros de un ejército sarraceno[7] que tras enfrentarse a tropas cristianas y ser vencidos se refugiaron en los Pirineos.



[1] Txistu: tipo de flauta fabricada en madera de ébano muy popular en el folklore vasco.
[2] Bertsos: poemas cortos o versos que tradicionalmente se utilizaban en Navarra para contar anéctotas y transmitir conocimientos y tradiciones de
padres a hijos.
[3] Hiran: fue rey de Tiro entre el 970 y 935 a.c. Personaje cercano al Rey David y Salomón y encargado de construir el templo de este último en Jerusalén
[4] Godos: pueblo incluido en la categoría de las culturas germanas orientales y escandinavas durante el siglo I después d.c.
[5] Visigodos: descendientes de los godos afincados en Europa Occidental tras la caida del Imperio Romano en el 410 dc. Permanecerían en estas latitudes hasta la invasiones musulmanas del 711 d.c.
[6] Pierre de Marca: religioso de origen francés (1594 – 1662). Licenciado en leyes y letras, llegó a ser obispo de Gascuña y presidente de la cámara parlamentaria de Pau. A lo largo de su vida realizó interesantes estudios históricos y religiosos.
[7] Sarracenos: pueblo nómada que ocupaba territorios entre el desierto de Siria y Arabia Saudí. Durante el siglo VIII expandieron su poder por el Norte de Africa hasta llegar a la Península Ibérica movidos por motivos religiosos y económicos.



sábado 7 de enero de 2012

sábado 19 de noviembre de 2011

Geant du Manio en Carnac


martes 25 de octubre de 2011

domingo 28 de agosto de 2011

viernes 19 de agosto de 2011

Casa en Locronan



Como el cartel indica, la casa albergaba un librería especializada en el mundo celta, que actulmente está cerrada.

jueves 18 de agosto de 2011